martes, 18 de abril de 2017

DE JUERGA EN EL PIREO




—Atenas, 400 y algo a. C.

«Las hijas de los patricios —dice
un joven y fornido remero
a sus compañeros de trirreme;

y lo mismo diría cada uno de ellos
tras tantas copas de más—, esas tristes
ricuras, frescas flores presas,

saben bien que los modelos
de las estatuas oficiales y domésticas
no son sus degenerados y fofos varones,

de sobra saben que quienes posan
para que los mejores artistas idealicen
a sus héroes y dioses

somos nosotros
sus esclavos.
¡Vaya si lo saben!»

Y estallan
como bombas
sus risas.


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