viernes, 16 de diciembre de 2016

LA RUPESTRE VANGUARDIA



¿Os acordáis de Apollinaire? La crema de la vanguardia literaria. Eso decía el manual en mis años de bachillerato. 

Eran otros tiempos. Fue antes del navajazo asestado a las hermosas letras por la revolución tecnológica e internauta. 

La crème de la crème, el amigo Apollinaire. ¡La cresta de la ola! ¡La mismísima flor de la vaguardia! 

Ya digo que eran tiempos distintos. Bien pensado, su «Corazón, corona y espejo» tiene un eco de pintura rupestre.

domingo, 11 de diciembre de 2016

SOBRE LA NATURALEZA DE PUERTAS, ESPEJOS Y VENTANAS


En toda casa de vecino hay varios modos de abrir boquetes: 1) con una ventana (ventanal o ventanuco); 2) con una puerta (portón o portezuela); 3) con el intento de síntesis de ambos, una puerta acristalada, puertana o venterta; y 4) con un espejo o espejazo, demasiado espejo.

Empecemos por los últimos. Los espejos --a su modo ilusionista, no se olvide-- abren espacios ficticios, copias, falsos dobles, mundos paralelos e intransitables. A la postre, de tanta luminosa reflexión, los espejos, independientemente del tamaño, terminan narcisando mustios.

Las puertas, ah las puertas, correderas, corrientes o giratorias, son artefactos en forma de solapas firmes, opacas y de mayor tamaño que un humano. Estos delgados y firmes artilugios anhelan íntima y hondamente separar espacios, aislarlos, hacerlos invisibles entre sí y protegerlos de sí mismos.

Las comunicativas ventanas, en cambio, esas otras solapas casi trasparentes, son de naturaleza diáfana, fieles aliadas --incluso con cortinas-- del exterior, tan portadoras de una lozana y andaluza curiosidad como posibilitadoras de la más necesaria ventilación.

Las puertas son manufacturas provistas de pulsiones carcelarias y carácter reservado por naturaleza. Me repito.
 
Las ventanas son traslúcidas por puro instinto.  

Los espejos, atractivos abismos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

INDIVÍDUALOS Y VENCERÁS


¿Cómo se ha conseguido que cientos de humanos, codo con codo y bajo un mismo techo en un aeropuerto, por ejemplo—, no se dirijan la palabra, ni se miren siquiera? Antes eso sólo ocurría en las iglesias, ante una supuesta deidad. 

Pero ¿cuál es el dios ante el que los hombres se mantienen hoy aislados en la proximidad? El dios uno y múltiple llamado Individuo. El alma hoy se llama personalidad, ese nocivo complejo de interioridad, y nuestras parroquias son hipnóticas pantallas móviles, preferiblemente con auriculares.

martes, 4 de octubre de 2016

LA CENIZA DEL PENSAMIENTO



Intento aplicarme a cierta pauta de pensamiento, aunque con raro éxito. No se trata, me digo, de «tener» o no razón, sino de dejarme llevar por la inteligencia y la sensibilidad hasta mis propios límites. No se trata de dialogar, convencer o explicarme, sino de ver hasta dónde logra dar de sí mi masa encefálica, que probablemente no sea demasiado. He de captar mis fogonazos de pensamiento.  

Pero esa chispa es pronto procesada hasta quedar disecada en concepto, ideal fósil, y me dedico soberbio a explayarla y explicarla, por supuesto adulterándola, distorsionándola, desfigurándola, llegando incluso a sofocarla y olvidarla, y quedándome al final en las manos poco más que sus cenizas.  

Eso es la mayoría de las veces el pensamiento escrito: residuos o reliquias, despojos inertes, frío vestigio polvoriento de alguna chispa, tal vez de una llama o llamarada.




jueves, 22 de septiembre de 2016

LA CAVERNA UNIVERSAL



«Caos Cósmico 2», de Margarita Vegara: http://cargocollective.com/margaritavergara/Caos-Cosmico


Creer en un orden universal es un acto de fe. La idea de que el universo tiene un sentido (o, como dijera Einstein, que «Dios no juega a los dados») es religiosa. 

Quienes quieran creer que el universo está ordenado (en el doble sentido de ese término) podrán seguir creyéndolo por siempre. 

Jamás el hombre, por mucho que ensanche el mundo (es decir, que avance en su conocimiento), podrá resolver de una vez por todas semejante cuestión.

Y con la afirmación contraria (esto es: la totalidad no es en última instancia un cosmos sino un caos) me temo que ocurre otro tanto de lo mismo. Tildar al universo de insatisfecho también consuela un tanto.

Lo verdaderamente insoportable sería no cartografiar el Todo con características, no calificarlo, no darle siquiera un nombre

La insondable caverna universal, el agujero cósmico en el que estamos y somos, nos devuelve el eco de nuestras propias ideas.  


miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL HORIZONTE ESTÁ EN LOS OJOS



Un hombre solo en movimiento aparente; el movimiento es alejarse o acercarse. Luz incisiva inunda el mar y se zambulle en él coloreándolo.

La escena carece de un cuándo y tiene lugar siempre: agua, espejo líquido del cielo, omnipresencia curva, océano. Tampoco hay tierra firme o si la hay la barca no está en condiciones de alcanzarla.

En cualquier caso, el tripulante hambriento continúa remando sin interrupción, sacando fuerzas de flaqueza para remar una vez más y otra, solo ante la inmensidad vacía cuyos límites desconoce o no existen.

También ignora el rumbo (le faltan mapa y referentes: un sol eterno no se mueve) y sabe que es cuestión de tiempo (esa presencia) que el naufragio tenga lugar.

¡Jamás acaba el horizonte! No cesa nunca este desierto líquido… Pero sus brazos obstinados siguen remando; sigue el remero remando en pos de ningún sitio.



jueves, 30 de junio de 2016

EL CAMINANTE Y SUS RÉMORAS


En realidad lo único que hasta la fecha he conseguido leer de Wittgenstein con provecho y digestión completa es la pequeña selección de aforismos Cultura y valor, compuesta de fragmentos sacados de aquí y de allá, diarios, cuadernos, papeles sueltos. Uno puede encontrar afirmaciones como que «en arte es difícil decir algo que sea tan bueno como no decir nada»; o que «el humor no es un estado de ánimo, sino una visión del mundo»; o que «racionalmente no es posible tener ira ni contra Hitler, mucho menos contra Dios». Ahí Wittgenstein está a la altura de los mejores aforistas. Lo que pasa es que el tipo andaba tocado por un ramalazo de absoluto o de mal abismo y le gustaban demasiado las matemáticas, y a menudo se ponía serio. Y era entonces cuando escribía los textos que le han erigido en uno de los grandes pensadores del pasado siglo.

Con todo, creo que Witt era honrado en el sentido hondo de la palabra; es decir: nunca intentó dar gato por liebre, no quiso quedarse con nadie. Pero al fin y al cabo era germánico, y esa pesadez congénita en todo norteño, esa sustancial falta de gracia, deslustran su talento (aquí se salva Nietzsche y para de contar). Tal vez por eso, consciente de sus taras y atraído por aquello de lo que carecía, admirara tanto la cultura inglesa.

Pero su verdadero problema son sus discípulos. Un seguidor es aquel que no sabe definirse más que subiéndose a la chepa de algún gran nombre, un papagayo que se jacta de repetir lo que no entiende (y no lo entiende porque, en lugar de vivirlo él mismo, lo ha aprendido de la vivencia ajena). El problema es que las hordas de seguidores y farsantes saben (qué bien lo saben) que cuanto menos se les entienda más redonda queda la tomadura de pelo. Pero en el fondo no engañan a nadie. Mucho menos a sí mismos.

Quien consigue engañarse a sí mismo es honrado. El que se equivoca convencido de su error logra que su error en cierto modo deje de serlo. En rigor el error sólo es tal cuando se comete conscientemente. Todas nuestras vidas no son más que eso, una sucesión de errores, pero más nos vale vivir sin darnos cuenta de ello. Tal vez también sea ése el caso de Wittgenstein. Y de otros cerebros igualmente privilegiados; de Kant y Heidegger, por ejemplo. No digo que no dudaran nunca de sí mismos, de sus obras, pero al fin y al cabo creyeron en lo que hacían, creyeron en hacer, y sacaron de sí el material para hacerlo. Eso ya es digno de admiración. Siguieron su camino, aunque a la postre no llevara a sitio alguno, como al fin y al cabo ocurre con todo verdadero camino, y lo recorrieron hasta el final y sin mirar atrás. Hicieron lo que tenían que hacer

El propio Wittgenstein se pregunta en algún momento si la filosofía ha hecho algún progreso. Y responde: «Cuando alguien se rasca donde le pica, ¿debe verse un progreso? ¿Si no, no es un auténtico rascarse o un auténtico picor?». 

El problema, insisto, es que mientras a él le picaba el núcleo de su ser, a las legiones de chupatintas que lo vampirizan y tergiversan tal vez no pase de irritarles un leve escozor cutáneo.

domingo, 26 de junio de 2016

REFLEXIÓN PREELECTORAL DE LA MANO DE JENOFONTE


Escultura procedente del templo de Afaya Egina, siglo VI a. C.

«Deseaba a toda costa enriquecerse, quería mandar para obtener más, pretendía recibir honores para incrementar sus ganancias y buscaba la amistad de los más poderosos para no recibir castigo por sus atropellos. Para conseguir lo que deseaba, tenía la idea de que el camino más corto era el perjurio, la mentira y el engaño. En su opinión la sencillez y la verdad eran lo mismo que la necedad. Era evidente que a nadie amaba, y de quien dijera que era amigo, era seguro que contra él conspiraba.»

El parrafito se refiere a un tal Menón de Tesalia, general mercenario griego del siglo IV a. C. Así lo cuenta Jenofonte, que conoció al sujeto, en Anábasis (trad. Ramón Bach Pellicer) o La expedición de los diez mil.

Dos mil quinientos años, ¡veinticinco señoras centurias!, ¿y siguen mandando los mismos?

domingo, 19 de junio de 2016

OTRA VEZ DAN UNA FIESTA LOS SEÑORES

Fotografía de Vivian Maier.

Otra vez dan una fiesta los señores. Hay música ambiental en los jardines, la luz en los rosales que yo cuido, la fresca fragancia del césped que esta tarde, hace unas horas, he regado. Avanzo junto al borde de la piscina, escucho el gorgoteo del agua en el sumidero, el chapoteo de los invitados, sus voces, esas risas sobreactuadas sin sonrisa. Y yo fuerzo la mía sin problema cuando ofrezco canapés, y voy cediendo el paso y cabeceando solícito mientras inadvertidamente me retiro. Van a brindar en el jardín antes de entrar; perfectamente coordinados, ultimamos los entrantes y la mesa. ¡Paf! El corcho del champán por fin resuena. Ya borbotea el vino embravecido sobre las buenas copas (no son las mejores de la casa, ni mucho menos) que entrechocan dulcemente, son alzadas y se vierten en los labios entreabiertos de los comensales. «¡La cena, queridos amigos, está servida!», anuncia alegremente el anfitrión, que no es amigo nuestro sino quien nos paga. Termino de encender los candelabros y, atusándonos el nuevo uniforme (a mí me queda algo ceñido), nos encaminamos diligentes a recibirlos con nuestras reverencias a la entrada del gran comedor.

jueves, 9 de junio de 2016

TODA CIENCIA TRASCENDIENDO


Capaz de perpetrar poemas donde fuera, a cualquier hora, en papel o pantalla, con lluvia, sol o hambre sin distingos, el poeta concluyó que los factores atmosféricos, las coordenadas espaciotemporales y demás fenómenos externos le afectaban más bien poco a la hora de componer versos. Lo verdaderamente determinante era el estado anímico, el espacio y el tiempo internos. Ejemplos hay de alegres himnos redactados en prisiones, decía, y de lapidarios epigramas o elegíacos lloriqueos en palacios. 

En el dentista, en pleno aterrizaje, en una fiesta loca o durante un velatorio, entre la muchedumbre, en solitario, rodeado de risas, gritos y cantos, envuelto en música, a la luz del día, en la alta noche, caminando en el bosque o sentado en un lúgubre vagón de metro, tomando el sol sobre un colchón de aire mansamente mecido por las aguas del Mediterráneo, trabajando en una fábrica, cansado de servir cafés y cañas, en letrinas y camas, azoteas o sótanos, a cien por hora en un utilitario de segunda mano, hastiado en los atascos, en la cola del banco, empujando el chirriante carrito a rebosar de envases y alimento por los iluminados y uniformes corredores del supermercado más próximo… 

Y en todas partes su inteligencia y sus sentidos se encontraban siempre en otro sitio, su ser era un estar mirándose reconcentrado el abismo de sí mismo, en su vida secreta, toda ciencia trascendiendo, en la vorágine del propio ombligo, la pelusilla del yo más íntimo, el espejo convexo de la página prácticamente en blanco. 

Merodeando a tientas, sonámbulo en pos de la  palabra exacta, la gran imagen, la música del verbo, la apoteósica cadencia de vocablos grávidos, el chorro definitivo de verdades descubiertas, perdido pero rumbo a una sabia ignorancia, paso a paso avanzaba el vate por los asolados aposentos de la casa (a veces mansión, otras choza) del lenguaje poético.

domingo, 29 de mayo de 2016

EL ANIMAL QUE NUNCA ACABA DE ENTENDER



Tantas noches como ésta, en algún sitio, y cada noche es única. La misma luna vieron los ancestros; el perro ese que aúlla
es el mismísimo sabueso de Adán, el mismo lobo hambriento y débil que un hombre un día gris acariciara. Juntos salieron de la selva.
Los mismos cielo, mar y tierra (aunque impolutos); igual deseo, la misma muerte, el cuerpo idéntico. Y sin embargo
el hombre ha alterado su olimpo: creyó en algunos dioses variopintos; hoy tiene fe científica y comprende siempre más, ¡más y más siempre!
Unos afirman que la sed es buena o mala; otros la tildan de insaciable mecanismo. («Atrévete a saber», decían,
¿pero quién es el listo y quién el tonto, cuál de los dos el más cobarde?)
Aún no saber nada o saber todo por fin, ésas serían posiciones cómodas; pero este no saberlo todo ya
es una dulce y perpetua cadena que nos asfixia al tiempo que nos alienta. Baudelaire lo llamó «esa angustia de la curiosidad».



domingo, 22 de mayo de 2016

ESFORZADOS


La llamada fuerza de voluntad es ese modo de forzarnos a querer lo que en verdad no necesitamos ni deseamos sin esfuerzo;
lo que realmente perseguimos son los efectos del sudor: no el trabajo mismo sino el sueldo. ¿Quién querrá libremente
—sin ánimo de lucro, sin afán de gloria— levantarse cada día a las cinco de la madrugada, abrir los ojos a la oscuridad
y encender una bombilla? Sea escritor, oficinista o panadero, lo que uno anhela es el rendimiento, el beneficio,
recompensas como asnales zanahorias que las horas de trabajo matutino y somnoliento nos reportan.
Pero el hábito y la estructura terminan haciendo al monje y finalmente estamos en disposición de afirmar convencidísimos:  
«¡Yo quiero lo que elijo!»
                                   Nuestro deseo natural, por el contrario, reacio a todo esfuerzo programado, opuesto a la consciencia de la fuerza,
es una caprichosa llama, fuego que baila, sonámbulo o ciego pero encaminado, hálito libre y sin programa, favorable
no al portador, no al individuo, cada ejemplar de mono carnicero con alma, identidad e ideas propias, no,  
sino a la frágil salud de la especie, el culmen de la creación, corona de la vida, el virus más letal de este planeta.


viernes, 20 de mayo de 2016

MÁS ALLÁ DEL POSICIONAMIENTO


Imagina que a Narciso le fuera el sadomaso. Algo así son los  filósofos que más me gustan. Me explico. Pensar «correctamente» casi siempre pasa por llevar la contraria. Dialéctica, lo llaman. Y la contraria hay que llevársela a tirios, a troyanos y especialmente a uno mismo, a pesar de nuestras inclinaciones naturales. 

Ya no me halaga que los pensadores «me den la razón». Tal vez por eso no lea más, por ejemplo, a Cioran; son tantas mi empatía y aprobación, me reafirma tanto en lo que ya siento y pienso, que automáticamente empiezo a sospechar de mí mismo.

Poco a poco he terminado perdiendo la fe en la razón; en tenerla, quiero decir. La razón no se tiene sino que se construye, no es una posesión sino un constructo. Y el único modo de evitar que se derrumbe es amurallándola… Pero a mí ya no me interesa apuntalarme a mí mismo. El desafío hoy es no tener razón; es decir: no creer tenerla, porque en rigor tenerla no la tiene ni el proverbial apuntador ni mucho menos un supuesto dios.

Pensar rigurosamente pasa por hacerlo más allá del posicionamiento, de lo que me seduce o aterra, favorece o perjudica. Nietzsche lo dijo mejor: más allá del bien y del mal


miércoles, 11 de mayo de 2016

VIVIR ES UNA FORMA DE OBEDIENCIA





Gente que, por ejemplo, para hacer el bien necesita un dios o varios. (La principal ventaja de tener dios es la autosuficiencia, poder desechar cualquier otra creencia; y además sirve para dar por supuesto que te hace caso alguien importante.)
También hay creyentes en nuestra futura vida extraterrestre.
En cualquier caso, la peor religión es siempre la misma: creerse muy listo.

Gente únicamente capaz de apreciar la belleza de un pedazo de tierra cuando es de su exclusiva propiedad y lo han vallado por completo.
Gente con un serio complejo de interioridad. Sus aullidos de bote.
Gente tan vanidosa que subraya los libros convencida de mejorarlos.
Peligrosos humildes con afán de protagonismo.

Gente a la que parece bastar con ridiculizar una idea para creer refutarla, que gana la lotería y supera su marxismo.
Gente que donde dijo «valor y alegría» dice «diversión y precio».
Iguales en la mediocridad, no en la excelencia.
Irresponsables con ínfulas y presuntos méritos.

Gente que sólo entiende aquello con lo que ya estaba de acuerdo.
Gente que se quiere muchísimo siempre y cuando.
Gente al borde de la asfixia por sumersión permanente en sus intransferibles y respectivos ombligos.
Gente cuya vanidad es más fuerte que su falta de talento.

Gente que hace donaciones y saca el codo deliberada y sutilmente para hacerse con un buen asiento libre en el transporte público.
Jóvenes hipnotizados que te miran como si fueses otra pantalla.
Espectadores que en el estadio miran una pantalla más grande, a veces tardan segundos en darse cuenta de que aparecen ellos mismos, ¡se alegran tanto!

Gente capaz de ser mansa por soberbia y generosa con avaricia, bendecir el mal, mentir de corazón y robar sin ánimo de lucro.
Gente capaz de vivir hasta ya no poder limpiarse el culo a sí misma.

Mentes tatuadas, cerebros sin alma, cipotes con funda y drogados ovarios.
Empresarios de ideas, pensadores a sueldo, desalmados mercenarios de su propia inteligencia.
Rebeldes de catálogo, propietarios fungibles, gurús de sofá nórdico, mando a distancia y pizza grasienta.
Exhibicionistas de una insaciable vaciedad. Ni héroes ni antihéroes: actores de reparto sin texto.

¡Y si actores, deportistas y demás constelaciones de estrellas del espectáculo son nuestros ídolos, que baje del monte un moisés y que nos ponga firmes!
Lo peor de los encantadores de serpientes, ¿no son las serpientes? ¡Ay el fangoso y oculto rencor que les guardamos a quienes nos han seducido…!

¡Bienvenido al planeta Tierra! ¡Bienvenido seas tú, usuario tipo e individuo, asalariado consumidor y telespectador votante!
¡Pasa, boquete con patas, y paga tus compras! Tenemos éticas de ocasión, rosas de plástico, señuelos del placer, necesidades ficticias, prejuicios de valor y noticias a la carta.
Actualidad tenemos a raudales, ¡lee más rápido!, tenemos todos los colores de la rabiosa enfermedad de nuestros tiempos.
¡Entra, saca la tarjeta de crédito y hazlo todo tuyo! Aquí saciarás incesantemente un saco roto llamado deseo.

¡Porque seguimos a pan y circo! ¡Oh centros comerciales y fútbol! ¡Oh economía de consumo y sociedad del espectáculo!
Y esta noche me pregunto si habrían seguido procreando los humanos de hace apenas un siglo (por no hablar de los de hace milenios) si hubieran sabido algo de nosotros, de sí mismos.

El lobo es un perro para el hombre; animales domesticados y miles de millones de humanos son los únicos que hacen diariamente lo que no quieren en su fuero íntimo.
Necesitamos olvidar que cada día laboral nos roba un tercio o más de vida. Cuando no puedes desobedecer, ¿eres libre?
No vemos los barrotes porque estamos en peceras, pero hínchate a reír unos minutos y te elevarás unos segundos.

¡Oh civilizaciones erigidas sobre mentiras edificantes!
¡Cuanto más arriba trepe el mono, mejor exhibirá su culo!
¡La pescadilla que se muerde la cola intenta comerse el mundo!
¿Colonizaremos Marte y habrá guerras interplanetarias?

Una vez cubiertas las necesidades básicas, el siguiente paso suele ser complicarse la existencia.
Y el colmo de nuestra adulterada democracia es acusar de injusta y no igualitaria a la naturaleza.
«Democracia», por cierto, es buen ejemplo de lo peor que le puede pasar a una buena palabra.
Y es que pensamos para convertir nuestros prejuicios en verdades, como los burros en la noria.
¿Será que uno es siempre bastante peor de lo que está dispuesto a admitir ante sí mismo?

Lo peor que le puede ocurrir a un virus es cobrar conciencia, sí, pero vivir es una forma de obediencia y todos nosotros somos inocentes bestias.
Y al menos una cosa debería haber quedado bien clara: o se niega la vida o se abraza el absurdo.

Así que refina tu odio y destila tu bilis: ¡sé un monstruo delicado!
¿A quién culparás de tu cobardía y envidia?
¿La autoestima? Es teatro del bueno.
Ser o estar vendido, ¿no es ésa toda la cuestión?
Y amar a cuatro patas. (Imaginar a tus padres procreándote, progenitores sumergidos en la animalidad sincera de nuestra carne purísima, entre gemidos y embestidas, lo relativiza todo bastante.)

Mira: los tres puntos sobre las íes del precipicio son suspensivos.

Piénsalo un solo momento y después sonríe: bajo la cara tienes una calavera.




jueves, 5 de mayo de 2016

LA FABULOSA FUERZA DE LA SANGRE


Me pillo unos empalmes leyendo a Casanova... También me río mucho y me asombro de su pasmosa naturalidad, de su elegancia, precisión y economía expresivas. 

¡Quién hubiera nacido en la Venecia del siglo XVIII! Casanova fue un pícaro ilustrado, un hedonista realista, un racionalista sensual que no olvidó la alegría del cuerpo, «la fabulosa fuerza de la sangre». 

«En el rostro del ángel que yo amaba —dice después de pasar la noche con un querubín hembra— veía amor, amistad y satisfacción. ¡Qué gran placer sentirse feliz! ¿Se puede serlo sin sentirse uno así? Dicen los teólogos que sí. Hay que enviarles a pastar hierba.» 

Le gustaba la poesía pero su temperamento y descaro no podían expresarse enfundados en el corsé poético de su tiempo. Las escenas de cama las relata con lo que llamaré un petrarquismo prosaico de logradísima expresividad, siempre en la cuerda floja entre lo explícito y lo sugerido. Te dice elegante lo estrictamente necesario para que te imagines el resto; consigna lo justo para que lo veas todo

Se pasó la vida buscándosela para andar siempre entre «nobleza rica, mujeres bonitas y gente instruida». Lo consiguió la mayor parte del tiempo. Y cuando empezó su declive físico, se metió a bibliotecario y se dedicó a redactar la dicha y la aventura de su vida previa. 

Escribió, por cierto, en francés, al parecer bastante macarrónico. También parece ser que la edición canónica de su obra está bastante arreglada por los editores. Y sin embargo su obra rezuma vida.

Sea como sea, la traducción de Atalanta, a cargo de Mauro Armiño, es excelente. Hacía mucho que no leía una obra tan bien traída al castellano.

viernes, 29 de abril de 2016

EL PEOR TIPO DE ESCLAVITUD ES LA INCONSCIENTE



Alguien que una tarde abarrotada y luminosa, tumbado en la playa, copa en mano, sonriente, gafas de sol y bañador discreto, barrigudo, canoso, dos infartos de miocardio en el cuerpo;
alguien que posa ante un teléfono inteligente para una foto que acabará en breve en Facebook y despertará tanta envidia como alegría y megustas;
alguien que exclama con satisfacción sincera y mucho orgullo haberse pasado la vida trabajando y que, por suerte, hoy, finalmente, lo disfruta,
¿no es un esclavo retirado, un mono satisfecho de haber pagado su jaula de tantos metros cuadrados a plazos?

Cambian los tiempos, cambian los señores; / los que no cambian nunca son los siervos, leí hace mucho en una antología que estará en alguna caja
en casa de mis padres. Lo de la antología viene a que no tengo ni he tenido libros de Aquilino Duque, autor de esos versos.
El título de estas líneas, por cierto, es un afortunado estacazo verbal de George Orwell.  

martes, 19 de abril de 2016

A DIFERENCIA DE LA RIQUEZA, LA ESTUPIDEZ ESTÁ BIEN REPARTIDA



Entiendo bien a Ganivet: «La plebe es baja y ruin, pero con bajeza y ruindad naturales. La verdadera ruindad y bajeza está en la plebe adinerada, que se sirve de la riqueza para realzar su villanía.»

Aunque el pozo del odio sea venenoso, admito mi rencor de clase, propio del desclasado hijo de obreros, del descarriado descendiente de siervos, no en el lumpen sino en la elevación del conocimiento.

Mi amor por mis raíces alimenta mi repugnancia por el necio. La necedad del esclavo resulta en cierto modo comprensible; la del amo, en cambio, es siempre inexcusable y digna de desprecio.

Ángel y yo, como otros muchos, somos de la jauría de quienes quieren salvar a la Humanidad con tanto ahínco que se les desatan los más puros instintos, pero tan delicada animalada no es más que pensamiento.

(Unos versos de Rubén Darío lo dicen mejor: Despertaba libélulas, cazaba mariposas / y tornaba a su fuerte torre de pensamiento.)

Supuran mis palabras el mejunje de nuestro ansioso anhelo de venganza, de nuestra acostumbrada impotencia.


martes, 12 de abril de 2016

BATALLA ENTRE FERNANDO FERNÁN GÓMEZ Y BORGES EN UNA ENTRADA DE FACEBOOK

Samuel L. Jackson y Leonardo DiCaprio en Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012).


«En España no sólo funcionan mal los que mandan, sino también los que obedecen.» Eso decía el valiente y admirable cascarrabias Fernando Fernán Gómez. Hace años (antes de llevar yo veinte en el extranjero y con bastantes menos lecturas en las alforjas) esa frase me parecía de lo más certera.

Hoy le pongo un reparo. Sí, sí, Fernando; en España y en toda tribu, imperio o estado nación, al menos desde que existen registros históricos...

La sentencia de Fernán Gómez resulta en cierto sentido esperanzadora, puesto que parece dar implícitamente por sentado que en algún lugar, alguna vez, no fue o es así.

En fin, que yo le enmendaría la plana al ínclito autor e intérprete y —si me lo permiten ustedes y ustedas— dejaría sus palabras en cinco: «No hay amos sin siervos».

Pero para no cerrar las puertas a la ilusión, remataré estas líneas con otra cita, esta vez de Borges: «Ojalá merezcamos no tener gobierno». 


miércoles, 6 de abril de 2016

DESHIELO

Lluvia, óleo de Han Hong Park.


La nieve se derrite en la ciudad, y plásticos y envases y colillas, invisibles durante el invierno, yacen sobre la hierba ajada y los arcenes como reliquias del supermercado.

Bajo del bus, camino al parque, enciendo un cigarrillo y miro el mundo. Un viejo merodea cabizbajo en busca de botellas de cerveza, setas de vidrio, hongos reciclables; podrá sacar algunos euros si hay suerte.

Los coches van y vienen derramando gas, envoltorios y ruido por las calles. La luz del mediodía cae a rachas, tenue, tamizada por densos nubarrones. Un viento intermitente azota las desvalidas ramas de tres álamos.

Retumba un trueno amenazante. Termino el cigarrillo y se desata una tormenta. Arrojo la colilla al barro y me apresuro a guarecerme. Poco después llega a la marquesina el viejo, empapado y con la bolsa a rebosar.