miércoles, 16 de diciembre de 2015

MENUDA PESTE A MANSEDUMBRE

Suena el despertador y en tus pliegues encefálicos la película de anoche trasformada en sueño lúbrico retumba fogonazos y regurgita en tu recuperada conciencia.

A tientas enciendes la violencia de una lámpara. Tras las cortinas las farolas atenúan el alba. Te llega amortiguada la mecánica marea del multitudinario motor de la autopista
cercana.

Se enciende una ventana como un mundo en un bloque de enfrente. Estás solo, sí, pero no eres único. Acudes al espejo, un bostezo, un guiño y reafirmas decidido tu persona contemplándote. Te quitas cuatro granos y esa barba terca.

Te duchas, te masturbas, te uniformas. Café, pan integral, pastillas varias, pantalla, titulares, treinta anuncios y la obligada ración matutina de correo electrónico.

Ausente y cabizbajo escuchas ruido rítmico en tus orejeras estereofónicas mientras el ascensor desciende con otros dos vecinos dentro. Los tres oléis a reses frescas. Menuda peste a mansedumbre.  



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